Percibo un fuerte olor que penetra en mi guarida.
No me puedo resistir y salgo de ella embriagado por el intenso aroma.
Cauteloso pero decidido localizo su origen.
Vecinos, oonocidos y amigos también acuden silenciosamente.
Nos miramos con recelo y con signos nos advertimos unos a otros.
En un lenguaje mudo queda claro que hoy no lucharemos.
Hoy ha llegado un festín a las puertas de nuestros minúsculos habitáculos.
Casi en formación seguimos el rastro que cada vez llena más nuestros sentidos.
Los primeros ya han llegado al origen y nos excitamos cada vez más al ver el banquete.
Observo algo raro a mi alrededor que me incomoda pero el placer de la comida es superior a mi.
Unos hilos entrelazados me molestan al caminar.
Nueve, diez, doce, catorce... veinte o quizás más, estamos en el banquete y da para muchos más.
Algo nos agita bruscamente y todos empezamoa a huir.
Algunos desaparecen de mi vista y de repente me agolpo con todo los otros compañeros de festín.
Con un golpe brusco caemos dentro de algo que desconozco, pequeño, y de color azul.
Tengo encima mío a unos cuantos y otros tantos debajo.
Estamos nerviosos e inquietos y nos agredimos unos a otros.
No sabemos por qué, pero lo hacemos.
Miro hacia arriba y veo caras deformadas, caras que nos miran y que me dan miedo.
Nos tumbamos, nos volcamos, nos chafamos unos a otros, pues todo se mueve.
Pierdo el sentido de la orientación.
Alguno de nosotros ha desaparecido durante un momento y vuelto a caer bruscamente.
Ha pasado mucho rato.
Todo está más tranquilo.
Nada nos mueve.
Hace mucha calor, mucha, y algunos empiezan a desvanecerse.
Yo empiezo a notar sensaciones que nunca antes había tenido.
Tengo mucha calor y por primera vez lo que ha sido mi coraza hasta hoy me está quemando.
Cada vez me cuesta más respirar y abro la boca más rápidamente.
Muchos de los otros ahn dejado de moverse.
¿Qué me está pasando?
Es muy angustioso.
El calor aumenta, el aire ya es irrespirable.
Veo este azul intenso, alto, pequeño, y no comprendo qué es ni qué puedo hacer.
Miro hacia lo más alto y veo el sol que hasta ahora era nuestra vida y ahora nos está quemando.
¿Es esto el fin?
¿El agua donde nací hace muy poco, que me diío la vida, me la quita así?
Acepto que debo morir porque no sé lo que es, pero sufro mientras me llega.
A mi alrededor la mayoría ya no se mueve y algunos están en una posición que nunca se les ocurriría de estar vivos.
Las pinzas caídas, el abdomen a la vista, las patas flácidas...
Y el color amarillo muerte...
Dieciseis hemos caído hoy. Hemos caído por el egoísmo de un ser que se llama humano a sí mismo.
Atrapados traicioneramente por el intenso olor de una sardina muerta.
Atrapados por un padre que quería enseñar a su hijo pequeño lo valiente que era cogiendo cangrejos de playa para que los viera.
Encerrados en un cubo de plástico azul con unos dedos de agua y bajo un tórrido sol.
Luego, cuando el niño ya se aburrió, nos dejaron a nuestra suerte.
Y nuestra suerte fue la muerte.
El padre lamentó nuestra muerte... "no pensaba que se morirían, dijo"
Volcó el agua que quedaba con nosotros muertos a la orilla de lo que fue nuestro hogar durante muy poco tiempo; el mar.
"Bueno, los peces se los comerán"...
DIECISEIS CANGREJOS: UNA HISTORIA REAL
Vivida en Vilanova i la Geltrú
Verano 2010
viernes, 26 de noviembre de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
